¿EXISTE LA REALIDAD SI NO LA OBSERVAMOS? (CUARTA PARTE)

 

CUARTA PARTE

Creo que aquí es oportuno volver al tema sobre la propiedad dual de onda-partícula (explicada en la Segunda Parte), ya que es de vital importancia comprenderla para entender el Efecto Observador y cómo creamos nuestra Realidad. Si no habéis visto el vídeo del Dr. Quantum en la Segunda Parte, os propongo verlo ahora antes de seguir leyendo (https://www.youtube.com/watch?v=6grlGeADRxw).

 

Como vemos,  cuando no hay un Observador, las partículas subatómicas que lanzamos por las rendijas se comportan como ondas creando patrones de interferencia, lo cual viola claramente los principios de la física clásica, ya que según ésta, las partículas se comportarían igual que lo hacen las canicas, pues se presupone que ambas son corpusculares. Sin embargo, cuando colocamos un dispositivo con el que observarlas, éstas parecen ser de algún modo conscientes de que son observadas y vuelven a comportarse como canicas. Se repitió el experimento multitud de veces, y el resultado siempre fue el mismo: con Observador se comportan como canicas (materia), sin Observador se comportan como ondas. Pero, ¿qué son realmente esas ondas? Las ondas poseen toda la información, forman el campo de las infinitas posibilidades. Es lo que el físico David Bohm denomina el orden implicado. Es decir, es información a la espera de ser observada para poder manifestarse en nuestra realidad. Fritz Albert Popp, doctor en biofísica de la Universidad de Marburgo, descubrió que nuestros cuerpos emiten luz, y así es como el acto mismo de observar crea o más bien elige lo observado. ¿Cómo ocurre esto exactamente? Nuestros fotones hacen colapsar unas ondas determinadas y las vuelven corpusculares. Ahora piénsalo, de toda la información ilimitada disponible en cada momento para nosotros, ¿cuál estás eligiendo? Eso es de vital importancia, ya que si no te gusta lo que recibes, debes cambiar lo que emites. Aquello que das, es aquello que recibes.

 

Hay muchos científicos que hablan sobre la importancia de la luz, siendo considerada ésta como soporte de la información que se guarda en forma de patrones de interferencia (las ondas que hemos descrito). Fritz Albert Popp descubrió además que las células sanas no emiten ondas luminosas de forma caótica, sino de forma coherente y rítmica, entendiendo por coherencia un “parámetro indicador de la validez del intercambio de información en una comunicación” (Popp, 1982). Se han hecho experimentos donde ante la presencia de una persona enferma de cáncer, por ejemplo, los fotones efectivamente se comportan de forma desorganizada, cosa que no ocurre cuando el observador es alguien coherente y por lo tanto, sano. Los científicos se asombraron cómo ante la sola presencia de esa persona, los fotones parecen notar su coherencia y se alinean, se organizan. Ahora pensemos un momento en esto que acabamos de leer. Si soy coherente, mis células se comunican de forma coherente. En cambio, si soy incoherente entre lo que pienso, lo que siento, lo que digo y lo que hago, entonces mis células se vuelven locas, por así decirlo, y pierden esa capacidad de enviarse información de forma ordenada. ¿Qué significa todo esto? Pues que fuerzo al campo cuántico a manifestar mi incoherencia y entonces aparecen situaciones que reflejan este estado interno, y además, se puede acabar manifestando físicamente en mi cuerpo en forma de síntomas y enfermedades.

 

Vamos a ver otro experimento interesante. Este trata sobre la conexión que existe entre nuestro ADN y las emociones, presentado en la revista Advance. Fue realizado por el ejército en el año 1993, que quería comprobar si la conexión entre el ADN y la emoción sigue existiendo después de una separación. Si esto resultara ser cierto, querían determinar de cuánta distancia se trataría. Lo que hicieron fue tomar muestras de saliva de un voluntario. De ahí se extrajo el ADN que fue aislado en otra habitación del mismo edificio, colocándolo en una cámara especialmente diseñada. Midieron eléctricamente el ADN para ver si respondía a las emociones de la persona de la que provenían, es decir, del voluntario, que se encontraba en otra habitación a docenas de metros. A éste le fueron presentando unas imágenes de video específicamente diseñadas para crear diferentes estados emocionales. El propósito era que el donante experimentase un amplio espectro de emociones en un breve periodo de tiempo. Entretanto, en la otra habitación se estaba midiendo su ADN para evaluar su respuesta. Todos observaron que en el mismo momento en que el donante experimentaba puntos «altos» y puntos «bajos», el ADN de sus células respondía eléctricamente de forma poderosa. El ejército interrumpió sus experimentos, pero el Dr. Cleve Backster y su equipo continuaron con ellos, y pudieron trabajar una distancia entre sujeto y ADN de 500 km. El intervalo de tiempo se medía con un reloj atómico localizado en Colorado. En todos los experimentos el tiempo de respuesta fue cero, lo que significa que fue instantáneo. Según el doctor Jeffrey Thompson, un colega del doctor Backster, “no existe realmente un lugar donde el cuerpo termine, ni tampoco donde comience”. ¿Qué significa esto? Pues que tiene que existir algo que posibilite la conexión, y que además, está más allá del tiempo y del espacio, ya que la distancia no afecta en absoluto en el tiempo de respuesta. A ese algo los científicos lo denominan el Campo Punto Cero. Ese Campo contiene toda la información y junto con ella, todas las posibilidades infinitas. ¿Os suena de algo? Efectivamente, al orden implicado a la espera de convertirse en orden explicado, es decir, de manifestarse en el mundo de las formas. De hecho, un profesor de física  de la Universidad de Oxford y CQT (Centro de Tecnologías Cuánticas) de la Universidad Nacional de Singapur, Vlatko Vedral, afirma que el cosmos no está compuesto ni por energía ni por materia, sino por información. Y tiene sentido, ya que la energía sigue siendo forma, aunque de una frecuencia más elevada que los cuerpos físicos, que son energía consensada.

 

Cada uno de nosotros es un Observador y aquello que observamos se convierte en nuestra realidad. Nuestros pensamientos y emociones son energía que vibra a determinada frecuencia, lo que hace colapsar las ondas que se corresponden a esa vibración en concreto, convirtiéndolas en algo denso. Por lo tanto, es hora de contestar a la pregunta que titula los cuatro artículos: ¿Existe la Realidad cuando no la observamos? La respuesta es no, porque sin observación no hay nada que haga colapsar esas ondas para que se vuelvan corpusculares. Todo, absolutamente todo existe en forma de potencialidades. Nosotros elegimos qué potencialidad se volverá realidad para nosotros. Debemos recordar que la respuesta del campo cuántico es siempre SÍ. Así que insisto una vez más - todo es vibración y la nuestra entrará en resonancia con una igual, creando un bucle de creación-manifestación que cambiará solo cuando cambiemos aquello que emitimos. Así, por mucho que yo piense: “soy rico, soy rico”, si mi vibración es de escasez, el campo cuántico manifestará esa misma escasez. ¿Qué puedo hacer para cambiar mi vibración? Primero, si quieres saber qué estás emitiendo, observa qué estás recibiendo.

Nuestra mente se caracteriza por tener una parte consciente y otra inconsciente. De esto ya habló Freud al hablar del inconsciente personal y Jung al ir más allá con el inconsciente colectivo. Esa parte inconsciente es de vitar importancia, ya que ocupa, por así decirlo, entre el 95%  y el 97% de nuestra psique. Como vemos, apenas somos conscientes de lo que se halla en nuestra mente, pero la buena noticia es que es posible hacer consciente lo inconsciente y de hecho, la Bioneuroemoción trata de eso – tomar conciencia de los programas inconscientes heredados de nuestros ancestros y de las creencias que los mantienen activos, que son los que crean una resonancia concreta que hace que vivamos ciertas experiencias y no otras, o que tengamos enfermedades, etc. Pero este es un tema que desarrollaré con la debida profundidad en otro artículo.


Lo importante de todo lo que hemos visto en las cuatro partes es lo siguiente: somos los creadores de nuestras vidas. La Física Cuántica nos lo confirma con una multitud de experimentos que ha llevado y sigue llevando a cabo. Todo es energía, vivimos en un mar de información ilimitada que está a nuestro alcance esperando ser manifestada. Nosotros elegimos lo que queremos vivir, pero casi siempre lo hacemos de forma inconsciente y es por eso que no entendemos por qué, ni para qué, nos ocurren determinadas cosas y no otras que se supone que deseamos.

En cuanto al tiempo y el espacio, el uno no puede concebirse sin el otro. El tiempo es la verdadera unidad de medida de nuestro mundo, pero ni el tiempo ni el espacio existen como algo externo, ya que el primero depende de la percepción de cada uno y no solo se diferencia de las demás personas, sino que también varía en uno mismo muchas veces a lo largo del día. En cuanto al espacio, se ha comprobado que éste parece no existir en el mundo subatómico, ya que ahí reina el Efecto Fantasmagórico, donde cada partícula recibe y emite información a todas las demás instantáneamente, sin importar la distancia a la que se encuentren, y además, puede estar en muchos sitios a la vez (Ley de la No-Localidad).

 

Para terminar, recordemos lo que muchos maestros han apuntado a lo largo de la historia: Somos Uno. Uno puede creer o no creer en eso, pero de hecho la ciencia (que parece no darse cuenta de ello) lo confirma – antes del famoso Big Bang, todo estaba contenido en un punto. Al explosionar se formó nuestro Universo, por lo que cada partícula que forma parte del mismo proviene de ese punto. Esto significa que esas partículas han estado conectadas, entrelazadas, por lo que ahora podemos entender la famosa frase: estamos hechos de polvo de estrellas. Nuestros pensamientos crean forma en alguna parte, seamos o no conscientes de ello, nos guste o no. Estamos conectados con todo el Universo a través de una gran Matriz, de una Mente No-Local. Muchos científicos ya afirman que vivimos en un holograma, donde la parte contiene el todo, y el todo contiene a cada parte. Esto quiere decir que la información está por doquier y tenemos acceso a ella en todo momento. Además, aunque nos percibamos como separados los unos de los otros, a nivel subatómico emitimos y recibimos constante e irremediablemente información de todo el Universo. Es una gran responsabilidad la nuestra, debemos darnos cuenta del poder creativo que yace en nosotros y volvernos coherentes para manifestar esa misma coherencia en nuestras vidas, liberándonos del sufrimiento y la culpa, y recuperando nuestra salud física, mental y emocional.

 

¡Gracias por haber sido parte de este viaje cuántico!

 

 

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