¿QUÉ SIGNIFICA DEJAR IR?

Hace unos días estaba pensando en mi vida y las cosas que estoy dispuesta a dejar ir. No son pocas las veces que he pensado que me rendía a la vida, a que sea lo que tiene que ser de la mejor manera para todos. O como se suele decir últimamente cada vez más – a fluir. La vida, por su parte, al poco tiempo me ponía a prueba y me mostraba que en realidad no estaba dispuesta a dejar ir todo. Entonces me empecé a plantear ciertas preguntas que al principio no quería responder y las apartaba rápidamente de mis pensamientos. Pero un día me armé de valor y comencé a detenerme en cada una de ellas, dejando que lo que tenga que surgir de mi interior se exprese. Voy a compartir con vosotros esas preguntas y os invito a que hagáis vuestra propia lista. Simplemente pensad en todas las cosas sin las que no podéis imaginar vuestras vidas, bien sea en ese momento, bien sea en el futuro. Aquí va mi lista:

¿Quién sería yo si nunca  tuviera la casa de mis sueños?
¿Quién sería yo sin mi profesión? ¿Quién sería yo si nunca consigo trabajar en lo que quiero?
¿Quién sería yo si no tuviese dinero? ¿Quién sería yo si nunca consigo ganar el dinero que me gustaría?
¿Quién sería yo sin mis amigos?
¿Quién sería yo si no encuentro la pareja que me gustaría tener?
¿Quién sería yo si nunca tuviera hijos?
¿Quién sería yo sin mi físico?
¿Quién sería yo si nunca consigo viajar por el mundo?
¿Quién sería yo si nunca consigo cumplir todos mis sueños?
¿Quién sería yo sin mis planes para el futuro?
¿Quién sería yo sin mi pasado?
¿Quién sería yo sin mis creencias?
En definitiva, ¿quién soy yo realmente?

 

Es realmente incómodo si profundizamos en cada una de las preguntas que nos hemos hecho. Cuando la vida realmente empieza a alejar personas y circunstancias de nuestra vida, entonces comenzamos a resistirnos. A pesar de que no somos felices, el miedo se apodera de nosotros, surge el "qué será de mí, sin..." y entonces, simplemente nos reconfortamos la siguiente creencia popular: más vale malo conocido, que bueno por conocer.

Pero, ¿qué significa realmente esto de dejar ir? Voy a daros mi visión personal.

 

Para mí, dejar ir significa aceptar plenamente el instante presente tal como se presenta, sin querer cambiarlo. Es observar sin juicio y sin resistencia lo que está ocurriendo ahora mismo y en cada momento.Analógicamente sería como respirar – no puedo inhalar eternamente, en algún momento tengo que soltar el aire, para después volver a llenarme de aire nuevo, puro y limpio.

Dejar ir es renunciar a mi propia verdad, sabiendo que vivimos en un mundo de constantes cambios, por lo que aferrarnos a algo sólo nos traerá dolor y lágrimas, ya que sin darnos cuenta le estaremos entregando nuestro poder, creando un vínculo de dependencia y sacrificio.

 

Dejar ir es amarme a mí mismo/a, renaciendo en cada instante sin creerme la imagen que el ego me dice que soy, basándose en las historias de un pasado que me mantiene atado/a y en las proyecciones de un futuro que nunca llega. Es buscar lo que es inmutable en mí y reconocer que es lo único que no cambia en este mundo.

Dejar ir es dejar a los demás tranquilos, dejando de querer cambiarles según mis propios caprichos, nacidos de mis carencias infantiles. Es responsabilizarme de mi vida que no es más que la suma de mis pensamientos, sentimientos, emociones, palabras, actos y creencias, y la existente coherencia o incoherencia entre todos ellos.

 

Dejar ir es estar en compañía del otro sin crear lazos de dependencia emocional, donde el chantaje reina por doquier y el miedo a perderle me haga hacerle temer por perderme a mí, si no se comporta como a mí te gustaría que lo hiciera.

Dejar ir es saber que no necesito a nadie para vivir en paz, que es en realidad mi estado natural cuando me alejo de ese ruido mental que no deja de recordarme lo incompleto/a que soy, lo poco que valgo y lo mucho que necesito de esto y de aquello para poder ser feliz, aunque sea temporalmente y exija mil y un sacrificios.

Dejar ir es saber que la felicidad, el amor, la alegría, se comparten libremente, sin límites, sin ataduras, sin manipulaciones. Se trata, pues, de poner las cartas sobre la mesa y ser auténtico, sabiendo que ni la casa, ni la profesión, ni la pareja, ni los hijos (…) me definen. Es reconocer que vivo en un mundo donde puedo experimentar muchas cosas, pero ninguna me define, porque lo que soy es inmutable, eterno y más allá de cualquier forma que adopte el mundo físico en el que vivimos.

 

Dejar ir es soltar la creencia de que estoy separado/a de los demás y de todo cuanto me rodea, que soy incompleto/a y que siempre me falta algo. El ego es el que quiere que crea esto y sabe que si soy capaz de dejar ir todo y me abro a cada instante aceptándolo plenamente, esa sería su destrucción. Y él no está dispuesto a permitirlo. Quiere mantenerme prisionero/a y me chantajea con pensamientos como: “cuando tengas ese trabajo, serás feliz”; “cuando te enamores conocerás la verdadera felicidad, pero haz lo imposible para que no te abandone”. La realidad es que lo consiga o no, tarde o temprano volveré a sentirme vacío/a, porque el ego tiene una cualidad y es que no puede vivir aquí y ahora. Siempre se encuentra o en el pasado, o en el futuro. Y me mantiene preso/a en su celda envuelta de purpurina, celda que en realidad solo existe en mi mente y es ahí donde puedo liberarme a mí mismo/a. En definitiva, así es como manipulamos y nos dejamos manipular por los demás, convencidos de que eso es amor – la necesitad de conseguir y acumular cosas, la necesidad de tener éxito, la necesidad del otro y la necesidad de que el otro me necesite para sentirme válido/a, visto/a y reconocido/a.

 

El mayor error que cometemos es creer en el ego cuando nos dice: “no serás nadie si dejas ir todo lo que te define”. Sentimos que nuestra vida deja de tener sentido. Al fin y al cabo, ¿no somos el resultado de nuestro pasado? Y, ¿qué sería de nosotros si nunca conseguimos las cosas que tanto anhelamos tener en el futuro, con la consiguiente promesa de que sólo entonces seremos felices? Tanto esfuerzo y sacrificio tiene que tener su recompensa, ¿no es así? Y sin embargo, ¿qué encontramos en cambio? Más experiencias de esfuerzo y sacrificio, más lucha, más dolor y algún que otro síntoma, malestar o enfermedad. Y por si fuera poco, creemos firmemente que nuestra felicidad está más allá de este momento, como si el futuro no fuera más que la proyección de nuestra mente, que se haya tan desconectada, que busca desesperadamente su liberación y alivio en ese futuro que nunca llega. Más sordos que los sordos, más ciegos que los ciegos, no nos damos cuenta de que somos nosotros los que perpetuamos ese círculo vicioso de puro egoísmo. “Si amas a alguien, déjalo libre”, decían algunos maestros. ¿Esto significa que tienes que alejarte de todo y de todos? Absolutamente no. Dejar ir significa dejar ir mis ideas preconcebidas de lo que está bien y lo que está mal. Es dejar ir las creencias que me limitan y limitan a los que me rodean. Es aceptar que el Amor es amar lo que haces y amar a los demás sin depender de nada ni de nadie, disfrutando simplemente de su existencia, de tu existencia. Amar es querer lo mejor para el otro, sin pretender saber qué es lo mejor para éste. ¿Cuántas veces hemos dicho: “lo hago por tu bien” o “con todo lo que he hecho por ti, ¿así me lo pagas?” Ahora puedes pensar que así te educaron, que aprendiste desde pequeño/a que cuando das, tienes que recibir a cambio, porque si no recibes lo que esperas significa que no te aman. Pero yo te digo – no eres responsable de la educación que recibiste de pequeño/a, pero como adulto/a, eres cien por cien responsable de desaprender y volver a aprender, si es que realmente quieres conseguir la libertad emocional para ti y ofrecérsela a aquellos que dices que amas.

Como hemos visto, detrás de ese dejar ir solamente se hayan creencias. Así que observa tus juicios y tus creencias. No te culpes por nada, más bien trátate como un padre o una madre trata a su hijo pequeño, sabiendo que aprende paso a paso y siendo paciente con él. Respeta tu proceso, perdona y perdónate, sabiendo que en realidad no hay nada que perdonar. Deja ir tu creencia de cómo tiene que ser tu vida, de que estás en el lugar equivocado con las personas equivocadas, y comienza a aceptarla tal y como ocurre, sabiendo que no es ni buena ni mala, es perfecta. Deja ir tu creencia de que has venido aquí a sufrir, sacrificarte, vivir para los demás, enfermarte y finalmente morir.

 

Y sobre todo, deja ir tu creencia de que al dejar ir, perderás.

 

Pues cuando dejes ir todo… entenderás que nunca perdiste nada, y recordarás que eso es imposible, ya que Tú…ya lo Eres Todo.   

 

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