¿QUIÉN DIRIGE NUESTRAS VIDAS?

 

¿Tenemos libre albedrío? ¿Realmente somos los que decidimos? ¿Nuestras vidas son un cúmulo de casualidades, o de un orden implícito mayor? Estas quizás son las preguntas más significativas que el ser humano puede hacerse, y aunque no nos las preguntemos conscientemente, en nuestro día a día se manifiestan las creencias que se hallan detrás. Veamos varios ejemplos de cómo podemos vivir y entender la vida.

 

Uno puede ir por la vida como si no tuviera nada que ver con lo que ocurre en ella. Así, elige pensar que el azar (que personalmente, no sé muy bien quién es ese “azar” ni sé cómo es, pero parece ser que tiene poderes divinos) dirige los acontecimientos que tienen lugar a su alrededor. No se siente partícipe de su vida, sino más bien una víctima de ésta. Cree que haga lo que haga, al final da igual, ya que el azar tiene la primera, así como la última palabra. Dicho de otro modo, atribuirá a la buena suerte las cosas que le agraden, y a la mala las que le molestan, le duelen o le cueste aceptarlas. Es un modo de vivir muy limitante, ya que paralizan a la persona, que cree que no tiene poder de cambiar su vida ya que ni siquiera reconoce que es la creadora de la misma. 

Otra forma de vivir muy parecida a esta es creer en el destino. El destino está ahí, es algo predeterminado y no podemos hacer nada para cambiarlo, porque el destino marca quién se va y quién se queda, qué perdemos y qué ganamos (Ej.: trabajo, pareja…), de modo que las decisiones ya están tomadas y no tenemos escapatoria hagamos lo que hagamos. Se asemeja al anterior modo de vivir ya que nos paraliza de un modo semejante, aunque para algunas personas está quizá más revestido de aceptación e incluso de misticismo, por lo que dicen: “Bueno, si ha pasado esto, es el destino y espero que sea para mejor.” Así, mientras que el azar es pura casualidad y si hoy me toca, mañana puede que no, el destino nos calma un poco en el sentido de que elegimos pensar que pase lo que pase, siempre es para nuestro mayor bien, por mucho que nos cueste verlo. Sin embargo, para otras personas es todo lo contrario, ya que les puede frustrar profundamente al creer que todo está escrito, ya que no les gusta lo que hay y no pueden hacer nada para cambiarlo. Sea como sea, no podemos evitar hacernos la siguiente pregunta: “Si mi vida está dirigida, ¿por quién está dirigida?” Y ahí aparece un cúmulo de creencias. Unos piensan que es la Mano de Dios (cuál de todos, depende de su religión). Otros, que son ellos mismos, pero a otro nivel de conciencia (Yo Superior). Otros, creen que se trata de los que gobiernan realmente el mundo (que son unos pocos individuos que no quieren que despertemos de la Matrix). Otros, de algunas  razas extraterrestres. Y otros, creen que es la Conciencia Universal o la Divinidad, de la que todos formamos parte. ¿Dónde está la verdad?

Obviamente, en este mundo cada uno tiene y elige consciente o inconscientemente, su propia verdad. Sin embargo, los que sienten que hay una Consciencia Universal expresándose y experimentándose a sí misma, se diferencian radicalmente de las demás formas de vivir que acabamos de ver. Saben que aunque no entiendan lo que les ocurre en un primer momento, son ellos mismos los que han elegido consciente o inconscientemente, vivir las situaciones que se les presentan. Saben que tienen el poder de transformar sus vidas, porque saben que éstas son el resultado de sus creencias, y que si cambian su percepción, lo que perciben también cambiará. Conocen la Ley de la Atracción, que es una Ley Universal, que dicta que todo es energía y por tanto es información que vibra en una determinada frecuencia, y si queremos cambiar algo, debemos cambiar la frecuencia que emitimos para recibir otra. Además, saben que no estamos separados los unos de los otros, que vivimos en una gran ilusión, soñando que la separación es real, ya que los cuerpos nos separan, y que el tiempo y el espacio son algo real y hasta casi tangible. Nada más lejos de la verdad. La ciencia lo ha demostrado una y otra vez, pero volvemos a lo mismo – solo el que está dispuesto a dudar de sus creencias podrá conocer la Verdad. Estas personas saben que están conectadas a la Fuente, que algunos llaman Dios, Consciencia, Origen, Divinidad, entre otros, y que todos los altibajos que experimentan en este mundo, son para trascender el miedo y volver a su estado original llamado Amor, que por cierto, no tiene nada que ver con el amor tal y como lo entendemos en este mundo del ego, donde para recibir, exigimos que nos den primero.

Ahora bien, me gustaría ir un poco más allá y os invito a reflexionar sobre la siguiente pregunta: ¿Realmente yo dirijo mi vida y tomo las decisiones, o las decisiones ya están tomadas y yo simplemente las vivo? Es decir, ¿puedo tomar nuevas decisiones o la decisión que tome en cada momento, es la única que podría haber tomado, aun habiendo muchas entre las que aparentemente tenga que elegir?

Aquí voy a desarrollar mi propio punto de vista que obviamente, no tiene por qué ser la verdad para todos. Con años de experiencia en el camino de la consciencia, he llegado a la conclusión de que el libre albedrío que tenemos se limita exclusivamente a dos cosas: elegir qué sistema de pensamiento dirigirá nuestras vidas. Me explico – nuestra mente se halla dividida en dos, tenemos un sistema de pensamiento dirigido por el ego, llamado también mente errónea, y otro de nuestro Verdadero Ser o Esencia (Un Curso de Milagros lo llama Espíritu Santo, pero sabiendo la controversia que crea este término, prefiero usar el otro, aunque no deja de ser lenguaje, símbolos de símbolos a los que nosotros les damos poder).

El primero se llama mente errónea, puesto que es la que nos dice que el mundo dual es real, y por lo tanto la separación, los cuerpos, el tiempo y el espacio – también. (Te invito a leer mis artículos “¿Existe la Realidad si no la observamos?”, si deseas empezar a dudar sobre el mundo tangible en el que estamos acostumbrados a vivir). El ego nos dice que somos víctimas de un mundo peligroso, de personas que nos quieren hacer daño a la corta o a la larga, y por eso nos tenemos que proteger y defender para poder sobrevivir. Es más, cree que el sufrimiento es la manera de expiar nuestros errores y crea como una especie de carrera de a ver quién sufre más, sin darnos cuenta de que así nos condenamos a nosotros mismos y manipulamos a los demás para que sean como a nosotros nos gustaría que fueran. En esta mente errónea se encuentran los programas inconscientes heredados de nuestros ancestros, que nos mantienen prisioneros de repetir un destino que muchas veces no queremos vivir. Y se hallan aquí porque los programas son un cúmulo de experiencias de dolor, sufrimiento y culpabilidad, que no pueden formar parte de nuestra Mente Verdadera, que es puro Amor, y no comprende estas experiencias ya que sabe que estamos soñando y que es imposible sufrir, pues somos Consciencia.

Esta Mente, que es la Mente de la Unicidad, Nuestra Verdadera Esencia, nos hace ver que somos sostenidos en todo momento por la Fuente. Que es imposible estas solos porque no estamos separados. Que somos Un Solo Ser repartido en millones de cuerpos ilusorios para que podamos experimentar aquello que nunca podemos ser, para luego volver a integrarnos y reconocer que Somos Uno. Que hemos venido aquí para jugar a No-Ser, pero como esto es imposible, nos proyectamos en un mundo holográfico donde hemos perdido la memoria de Quiénes Somos realmente, al habernos creído que el juego es real, y por lo tanto, el peligro, la enfermedad y la muerte – también.

Ahora, volviendo a la pregunta inicial, mi respuesta es: no tenemos libre albedrío y sí tenemos libre albedrío. No lo tenemos si pensamos que tomamos las decisiones nosotros, que aun estamos dormidos soñando que el mundo es real. Cada día se nos presentan decenas de situaciones donde se nos incita a decidir. Y gastamos mucha energía intentando elegir bien, escoger la mejor opción o a veces, la menos mala (juzgando como bueno o malo lo que nos pasa). Cuando por fin elegimos, cuántas veces no habremos sentido que podríamos haber escogido otra cosa, y no entendemos o incluso nos culpamos de no haberlo hecho mejor. Sentimos que nos hemos equivocado de camino y a veces, le damos tanta importancia, como si se nos fuera la vida en ello. Pero en realidad, no elegimos nada, porque todas las decisiones están tomadas y nosotros lo único que hacemos es experimentarlas. Por eso, no podemos equivocarnos. Decidamos lo que decidamos en un momento concreto, es lo único que podíamos haber decidido según nuestro estado de conciencia y es perfecto para nuestro aprendizaje (o mejor dicho, des-aprendizaje de lo que No Somos, para recordar y reconocer lo que Sí Somos).

El único libre albedrío que tenemos es elegir qué sistema de pensamiento dirigirá nuestras vidas. Si lo hace el ego, seguirá proyectando culpa, que reclama su castigo en el tiempo, y viviremos desde el juicio que mantiene activadas las creencias que sostienen los programas inconscientes heredados de nuestros antepasados. Así, éstos elegirán por nosotros las personas, el trabajo, los estudios, la pareja, los hijos y prácticamente todas las situaciones que experimentaremos a lo largo de nuestro ciclo vital sin que nosotros nos demos cuenta de que somos como unos robotitos que siguen unos mandatos familiares. Y además, dictarán cómo responder emocionalmente a ellas, repitiendo los mismos patrones que nuestros ancestros.

Pero, si elegimos el sistema de pensamiento de Nuestro Ser, él corregirá la percepción errónea de todo aquello y sanará nuestra visión y por tanto, nuestras heridas, que nunca fueron reales, ya que nos enseñará que es imposible sufrir ni hacer daño a nada ni a nadie, al tratarse todo de un sueño. Entonces, todas las decisiones que tomes a partir de ahora tampoco las tomarás tú, y cuando digo tú me refiero a “tú”, el que tiene nombre, personalidad, historia, etc., es decir, el que aun sigues identificándote con tu avatar en el sueño: el ego. He aquí la paradoja – todas las decisiones están tomadas, y por un lado, tú eliges cambiar tu percepción para transformar tu vida. Ahora bien, ¿podrías haber tomado esta decisión antes? ¿O después? ¿Eres tú el que elige tomarla o cuando llega el momento perfecto, ocurre por sí sola? La paradoja aparece de nuevo. Y esto es así ya que estamos hablando en términos duales, donde yo soy yo, y tú eres tú, y nos separa un cuerpo, un tiempo y un espacio determinados. Es por eso que es tan complicado de entender que cuando digo que Eres Tú quien toma las decisiones, es correcto, y cuando digo que las decisiones son tomadas por ti, también es correcto. Una mente dual no puede entenderlo, ya que en cualquier caso se cree separada de sí misma, al fin y al cabo. Pues si toma ella las decisiones, es ella y solo ella la que las toma, y si son tomadas por ella, alguien externo a ella lo hace. Pero eso es imposible, porque no hay dos seres, ni tres, hay una sola Consciencia que se experimenta a sí misma en el mundo dual, que es ilusión porque no hay un lugar donde empiece la Consciencia y donde termine, lo impregna Todo y lo crea Todo. Y es precisamente ella la que te ayudará a trascender los programas de tus ancestros y dirigirá tu vida hacia el Amor y la Re-Conexión contigo mismo y por tanto, con aquellos que llamas “los demás”.

Por eso, querido lector, no te culpes por las decisiones que has tomado en el pasado. Fueron las únicas que podías haber tomado. Y tampoco te preocupes a partir de ahora cuando tengas que decidir, porque aunque parezca que tienes elección, elijas lo que elijas también será lo único que podrías haber elegido, y es perfecto para ti. Debes saber que no hay nada ni nadie fuera de ti, y al dejarte llevar, fluir y confiar en tu Ser Interior, en la Divinidad que te sostiene en su Eterno Abrazo, nada malo puede pasarte. Nos da miedo soltar el control, ¿pero realmente controlamos algo?

Quizá ahora os vengan muchas preguntas. Y debéis saber que este artículo, que es una reflexión personal, no pretende ser La Respuesta, sino mi propia respuesta desde mi experiencia. Una pregunta puede ser: “Entonces, ¿no podemos desear nada? ¿No podemos tener sueños? ¿Querer que nos pasen cosas?” En mi opinión, por supuesto que sí. Pero he hecho hincapié en los dos sistemas de pensamiento que se hallan en nuestra mente ya que ambos no pueden coexistir a la vez y por eso debemos elegir cuál de los dos dirigirá nuestra vida. “No podemos servir a dos amos”, dice el proverbio. Son opuestos, como acabamos de ver, y se resumen en que uno te conduce hacia tu Despertar del sueño, hacia tu Esencia, que es Amor, mientras el otro te lleva al miedo, a la separación y, al fin y al cabo, a tu propia destrucción (cosa que es imposible, porque recordemos: “Nada real puede ser amenazado, nada irreal existe. En esto radica la paz de Dios”, que es la esencia de lo que nos enseña Un Curso de Milagros). Claro que podemos pedir cosas, pero la pregunta es si lo hacemos desde el ego, desde el victimismo, desde el miedo, o lo hacemos sin apego, confiando en que ocurra lo que ocurra, es perfecto para nosotros, para nuestro des-aprendizaje y nos invita a recordar Quiénes Somos en realidad, llevando perdón a todas las experiencias de dolor y sufrimiento por las que hemos pasado y las que aun seguimos proyectando en nuestras vidas, sabiendo que no hay nada que ser perdonado en realidad, ya que no hay culpa, no hay pecado, no hay error en nosotros, que somos pura Consciencia.

Así que quiero volver a hacer hincapié en esto – si elegimos el ego, estaremos eligiendo que algo ilusorio dirija nuestras vidas. Y sentiremos placer para luego, con la misma intensidad, sentir dolor al perder aquello que nos daba placer o al temer perderlo, que es lo mismo. Nos pasaremos la vida buscando la felicidad afuera e incluso cuando consigamos aquello, que queremos, nos sentiremos vacíos a la larga o a la corta. Y esto es así, ya que “no hay nada fuera de ti que pueda amarte o hacerte daño, ya que no hay nada fuera de ti” (UCDM). Si elegimos Nuestra Esencia, nuestra vida estará dirigía por ésta, que como dice el curso, nos ahorrará mil años de sufrimiento, al trascender las creencias limitantes creadas por el ego que no hacen más que distorsionar nuestra percepción.

Lo que sí puedo asegurar desde mi experiencia, es que cuando he dejado de luchar, cuando he dejado de pedir y he abierto, aunque fuera por un momento, mi mente y simbólicamente mis manos, y cuando he aceptado el momento presente tal cual venía – he sentido una paz enorme, o mejor dicho, la he descubierto en lo más profundo de mí. Pues me he dado cuenta de que la vida ocurre hagamos lo que hagamos, y lo único que nos produce dolor es nuestra resistencia a lo que Es. Al rendirnos al instante presente, nos abrimos al campo de las infinitas posibilidades y nuestra Esencia escogerá aquellas experiencias que nos acercan a la Verdad. Se nos pide únicamente que estemos dispuestos a abrirnos a la idea de que tiene que haber otra manera.

Así que pide, desea, pero no te apegues al resultado. No pongas tu paz en manos de cualquier cosa en este mundo, pues el mundo desaparecerá algún día, de hecho, no hace más que destruirse y construirse cada día. La mañana da lugar a la noche sin que ninguno de los dos perdure para siempre. Encuentra en ti la paz que anhelas y empezarás a verte en todos los ojos que te miran desde “fuera”.

 

Es imposible seguir durmiendo para siempre. Estamos caminando hacia nuestro despertar y cuando sea el momento, trascenderemos esta maya que llamamos dualidad, para volver a Nuestra Casa.

O más bien… para recordar que nunca salimos de ella.

 

 

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