LA ADICCIÓN EMOCIONAL

Sabemos que podemos ser adictos a ciertas sustancias -alcohol, cocaína,…- o comportamientos -compras, juego,…-. Pero ¿podemos ser adictos a una emoción? Si ante las situaciones de tu vida tiendes a tener una respuesta emocional que se repite  y que te cuesta modificar, estás ante una adicción química emocional. Entender cómo funciona este mecanismo en nuestro cerebro es el primer paso para transformarnos y tomar el control de nuestra vida.

Podemos ser adictos a ciertas emociones y, lo que es peor, usar nuestros pensamientos para alimentar esta adicción sin ni siquiera darnos cuenta. Las emociones asociadas a la victimización, la culpabilidad, la vergüenza, el sentimiento de inferioridad, etc., son tan adictivas como la heroína y pueden destrozarnos de la misma manera. La química de las emociones comienza en el cerebro, donde están además almacenadas nuestras memorias, experiencias y, también, la herencia emocional de nuestros padres y ancestros*.

 

Cuando el cuerpo piensa por nosotros

 

Las emociones son el producto de la segregación de químicos en el cerebro. Si hemos experimentado ciertas emociones con mucha frecuencia durante nuestra vida, las sustancias químicas también han estado presentes en nuestro organismo. Y el cuerpo hará cualquier cosa para mantener esa continuidad química ya que una de sus funciones biológicas primarias es el mantenimiento del equilibrio. 

Si, por ejemplo, la adición es sentirse una víctima, hay un programa activo en nuestro cerebro que nos dice que somos una víctima. Esto puede ser por experiencias del pasado que nos hicieron creer que somos víctimas en todas las situaciones, o puede ser una herencia emocional de nuestro clan familiar. Así, cada vez que tenemos una experiencia que nos recuerda a experiencias pasadas, nuestros pensamientos automáticos –esto sucede a nivel inconsciente- hacen que el cerebro produzca ciertos químicos que pasan a nuestro cuerpo y se unen a nuestras células con una determinada información. Al hacer esto repetidamente en nuestras vidas, las células se vuelven adictas a estos químicos y, si no reciben su dosis, empezarán a mandar señales al cerebro pidiéndola. Lo que sucede entonces es que ante cualquier situación que experimentemos, encontraremos la manera de generar pensamientos que nos hagan sentir como una víctima y así las células recibirán su dosis. Este proceso sigue y sigue, hasta que decidimos responsabilizarnos, aprender y actuar para cambiarlo.

Imagina una persona en la cola del supermercado, espera un buen rato y cuando va a llegar su turno, cierran la caja. Ahora espera en otra cola y la señora que está delante no consigue recordar el número de su tarjeta… Durante esta espera, la persona empieza a generar pensamientos del estilo a: “Siempre me pasa lo mismo”, “El mundo es injusto”, “Tengo mala suerte”, “Si fuera otra persona me atenderían mejor/antes”… así, sin darse cuenta, está experimentando la emoción de ser una víctima y proporcionando la dosis de químicos a sus células. Un solo pensamiento genera una avalancha de químicos en nuestro cuerpo… da que pensar.

Así, cuando estamos enganchados a una forma de sentirnos, siempre vamos a conseguir la dosis de químicos que necesitamos. Esto significa que, de manera inconsciente, vamos a buscar en nuestra vida diaria cualquier oportunidad para sentirnos de esa manera.   Es el mismo mecanismo que se activa en el cerebro cuando nos compramos un coche, de un color y modelo determinados, y no paramos de ver el mismo coche un montón de veces. De la misma manera, escaneamos nuestra vida buscando situaciones que nos resulten similares a nuestras memorias y experiencias de, por ejemplo, victimización, desvalorización, culpa, rabia, etc. Es decir, vemos el mundo a través de la lente de las emociones a las que estamos habituados.

 

¿Por qué es tan difícil superar esta adicción?

 

Parece imposible comprender ciertos comportamientos humanos como, por ejemplo, que una mujer maltratada permita esta situación durante años, o que haya gente que pague grandes cantidades de dinero en los clubs BDSM (sadomasoquistas) para recibir abusos, entre muchos otros. Pero hay casos menos extremos, seguro que conoces a personas que están atrapadas en relaciones destructivas, o que llevan años en un trabajo que detestan, o gente que auto-sabotea su propia felicidad constantemente, menospreciándose, procrastinando o llegando tarde habitualmente. Todos estos son casos de adicción emocional y tienen una explicación biológica.

Cuando la gente quiere, de manera inconsciente, vivir situaciones negativas o ser maltratada lo que buscan es sentir una determinada emoción a la que son adictos. Pero, además, ¡atención!: el dolor y las emociones negativas activan los centros de recompensa del cerebro, reforzando la adicción inconsciente a esas emociones negativas. Este fenómeno biológico es simple pero es muy importante y clave para la comprensión.

Pensamos en los centros de recompensa cerebral como “centros de placer”, por eso tiene sentido para nosotros que alguien sea adicto a la cocaína, al crack o al sexo. Esta es la adicción que conocemos. Pero no necesitamos estas sustancias para crear un circuito adictivo que se retroalimenta; cualquier cosa que active la síntesis de beta-endorfina y dopamina, lo hará. Y resulta que el dolor y las emociones negativas activan la síntesis de beta-endorfina y dopamina de la misma manera que las drogas recreativas lo hacen.

La droga más dañina que existe está dentro de ti, nadie la puede ver, ni siquiera tú mismo.

La dopamina es un neurotransmisor del sistema nervioso central que se sintetiza en situaciones de supervivencia y nos prepara para alejarnos del peligro, luchar, cazar o aparearnos. Así que tiene sentido que cuando estás estresado o en una situación de amenaza, segregues dopamina.

La Beta endorfina es un hormona y neurotransmisor opiáceo que se produce en el sistema nervioso central. Actúa principalmente como moderador de dolor, reduciendo la trasmisión y eficacia de estímulos sensoriales.

Digamos que hace un millón de años un hombre está en la sabana y es herido por un depredador. En esta escena tiene mucho sentido que su biología le prepare para correr/luchar y que, además, le ayude a aminorar el dolor. Lo que ocurre con las emociones negativas, reforzadas por los pensamientos automáticos, es que “tocan” los mismos circuitos de supervivencia ancestrales y así se consigue una dosis de estos químicos de recompensa.

Es por esto que la esposa maltratada vuelve con el marido o tu amigo siempre tiene novias que abusan de él una y otra vez. Es por esto que hay personas que se autolesionan. Es por esto que hay tanta gente que gasta fortunas en los clubs BDSM.

En resumen: Somos cómplices de nuestro propio sufrimiento. Buscamos inconscientemente sentirnos como hemos aprendido a sentirnos. Además, nos enredamos en comportamientos física o mentalmente destructivos para conseguir, de forma inconsciente, una dosis de químicos de recompensa.

 

¿Qué podemos hacer para recalibrar este desorden químico?

 

Podemos pensar que las emociones son tan fuertes que nos toca resignarnos a convivir con ellas pero, si esto fuera verdad, aun estaríamos en las cavernas y las emociones primarias de ira, miedo, tristeza, asco y alegría serían muy dominantes. Hemos de confiar en que tenemos un cerebro potencialmente capaz de lograr muchas cosas, que puede romper los patrones químicos que nos limitan y reinventar nuestra forma de pensar.

Las emociones son un sistema de guía diseñado para informarnos de cómo van las cosas en nuestra vida, y son buenas si no están fuera de control. Para cambiar nuestra adicción emocional debemos entender que nosotros somos los responsables de cómo nos sentimos. Nadie puede hacerte sentir bien o mal sin tu permiso. El cómo te sientes ahora solo es tu responsabilidad, no de tu madre, de tu marido o de tu jefe, o de otras personas que forman o formaron parte de tu vida.

 

1- Conocer tus emociones: el primer paso para enfrentarte a la adicción emocional.

Cada transformación comienza al darnos cuenta de que hay algo que queremos cambiar. Como con otras adicciones, el primer paso para superarla es admitir que se es adicto a algo. Admitir algo que no nos gusta alivia el dolor. Cuando aceptamos algo, descansamos, pues ya no es necesario luchar.

Si como nos sentimos afecta nuestro estado de ánimo, nuestras acciones, creencias, percepciones sensoriales e incluso lo que aprendemos, entonces es muy importante examinar los sentimientos excesivos y dañinos que no pueden ser verdad-todo el tiempo. Algo de miedo, rabia, tristeza,…, pueden ser respuestas adecuadas ante determinados eventos, pero estas emociones no deberían estar siempre presentes dominándolo todo.

¿Cómo podemos saber si somos adictos a una emoción?

En primer lugar, poniendo atención a como nos sentimos, ya que la mayoría de las veces las emociones están ahí, como un ruido de fondo, pero nos pasan desapercibidas. Muchas veces no sabemos cómo nos sentimos, solo sabemos que hay una incomodidad, hasta que prestamos atención y descubrimos la emoción subyacente.

Del Revés (Inside Out) – Pixar/Disney

Si haces esto durante un tiempo, te darás cuenta de qué emoción o emociones le dan forma a tus experiencias y decisiones. 

Hacerte las siguientes preguntas, te puede ayudar:

¿Cómo te sientes al despertarte por la mañana? ¿Relajado, estresado, ilusionado?

¿Qué cosas te molestan?

¿Qué cosas te duelen?

¿Qué pensamientos recurrentes tienes acerca de ti, de los demás y del mundo?

¿Qué te dice tu parte protectora la mayor parte del tiempo?

Cuando sientas negatividad, reflexiona y determina su naturaleza.

 

2- Sentir sin juzgar

Aunque eres el responsable de tu estado emocional, no debes juzgarte por sentirte como te sientes. Lo estados emocionales se van construyendo a lo largo de nuestras vidas, y probablemente son el resultado de mecanismos de protección y defensa que, en su momento, tuvieron sentido. Otros estados emocionales pueden ser de herencia transgeneracional. De cualquier manera, no añadas negatividad a tu situación castigándote o queriendo sentirte de otra manera.  

Cuando hayas reconocido la emoción, sigue observándola para ver si aparecen patrones. La emoción puede sentirse con mayor o menor intensidad y en diferentes situaciones.

Si te das cuenta de que estas en un estado emocional negativo:

- Date cuenta del sentimiento. ¿Qué tipo de emoción es?
- Observa cómo se expresa y se mueve en tu cuerpo, sin resistencia ni juicio. Siente la energía de la emoción.
- Permite que la emoción pase por tu cuerpo completamente si puedes. Siéntela como una ola que llega y se va. - - Déjala ir.

A veces los sentimientos y emociones suceden muy rápido, incluso antes de que podamos darnos cuenta de que hemos sido arrastrados por la emoción. No pasa nada, puedes revivir y re-sentir la situación con los ojos cerrados y hacer lo mismo.

 

3- Soltar la emoción

Cuando sentimos o re-sentimos algo, nos permitimos sentir la emoción en vez de reprimirla y, además, evitamos una reacción de la que podríamos arrepentirnos.

Sentir la negatividad sin luchar contra ella o reaccionar es como soltar una pelota que sujetábamos bajo el agua. La dejamos subir a la superficie antes de que aumente la presión y la pelota se nos escape de las manos, saliendo disparada cuando menos lo esperamos.

Podemos ver nuestra pelota emocional subir a la superficie de nuestro ser. Podemos sentirla y darnos cuenta de que es algo separado de nosotros, que no nos define. Podemos alejarnos y dejarla ahí flotando.

Si la presión emocional vuelve a subir, hacemos lo mismo.

 

4- Observa los pensamientos desencadenantes

Otra cosa que podemos hacer es observar los pensamientos que desencadenan las emociones. Si quieres saber más sobre los pensamientos negativos automáticos y cómo manejarlos, encontraras más información en este enlace: http://biocommunity.es/articles/view/101

 

¿Podemos cambiar como nos sentimos? ¿Y debemos hacerlo?

 

Una vez que aceptamos que tenemos una adicción emocional, parece lógico pensar que debemos forzarnos a cambiar como nos sentimos, sin embargo, no es así.

La sociedad nos dice que debemos sentirnos positivos, alegres, seguros de nosotros mismos, felices y calmados todo el tiempo. Y, además, queremos sentirnos como se sienten los demás (los que creemos que son más felices que nosotros). Pero en realidad hay negatividad en todas las personas, expresada o reprimida.

El marketing es el negocio de vendernos la “felicidad” en un producto o un servicio. ¿Te has preguntado por qué funciona? Porque hay una sensación de carencia y tristeza en cada uno de nosotros.

En vez de rechazar la negatividad, podemos aceptar como nos sentimos y quienes somos en este momento y permitir que lo que sea que está sucediendo en nosotros, emerja a la superficie.

¿Podemos cambiar nuestras emociones?

Sí, es posible. Personalmente, en los últimos años, he cambiado mucho como me siento. Es un trabajo personal y constante que no termina nunca. No es que me sienta positiva y alegre todo el tiempo, pero vivo sin luchar contra mis emociones, las observo, las siento y permito que se vayan. Así veo la vida a través de unos cristales más limpios de juicio, de negatividad pasada y de miedo al futuro.  

Además, cuando aprendemos a gestionar la negatividad y la permitimos sin juzgarla ni actuar contra ella, nos damos cuenta de que podemos estar bien aunque sintamos miedo, rabia o tristeza: sentimos, soltamos y seguimos con nuestra vida. Curiosamente, empezamos a sentir de forma diferente. Parece que la negatividad ya no se aferra a nosotros porque ya no la necesitamos; nos sentimos totalmente vivos con o sin ella.

Dicho de otra manera, cada vez que reaccionamos con rabia, frustración,…, si nos damos cuenta de que es nuestra adicción emocional y respondemos de una manera diferente que en el pasado (observar, sentir y soltar), estamos cambiando nuestro cerebro y la información que llega a cada una de nuestras células. De esta manera, cambia el modo en el que nuestro cuerpo responde ante los nuevos pensamientos y emociones. Esto, a su vez,  puede activar determinados  procesos de auto-curación en el cuerpo.

Por lo tanto, trabajar con nuestras adicciones emocionales, siendo conscientes de nuestros pensamientos, produce beneficios asombrosos y excelentes resultados, no solo para la creación la vida que deseamos, sino también creando un cuerpo sano y en armonía con nuestro estado emocional más equilibrado.

 

Finalmente, lo que he compartido aquí son ideas básicas sobre la adicción emocional y cómo podemos ayudarnos a nosotros mismos. Sin embargo, a veces sentimos que estamos bloqueados y que necesitamos ayuda profesional, y está bien. Existen muchas herramientas y métodos para ayudarnos a nosotros mismos y cada persona escoge como hacerlo. Todo vale desde la absoluta convicción,  las ganas de lograr resultados positivos y el compromiso con uno mismo.

 

Libros de interés:

Dr. Joe Dispenza, Deja de ser tú.

Dr David Hawkins, Dejar Ir: El Camino de la Liberación.

* La epigenética conductual sostiene que las experiencias de las personas no desaparecen, sino que se adhieren a ellas, bajo la forma de un residuo molecular que se aferra al andamiaje genético. Esto no significa que el ADN cambie, sino que los aspectos psicológicos y del comportamiento de una persona (aquellos que son regulados químicamente) pueden ser legados a los descendientes.

http://www.sophimania.pe/ciencia/genetica-biologia-y-quimica/epigenetica-por-increible-que-suene-heredamos-aspectos-psicologicos-de-nuestros-padres/

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