SOBRE EL CONFLICTO DE COLECTORES DE RIÑÓN, LA CUARENTENA Y EL AGUA DE MAR

En octubre del 2015 cursé un mega seminario de Nueva Medicina Germánica (NMG) en Badalona con las doctoras Mª Teresa Ilari y Leonor Gallardo, que me hizo conciencia de la absolutamente vital importancia del conflicto de colectores de riñón y lo que en Nueva Medicina viene a llamarse “el síndrome”.

Pasaré a explicar brevemente de qué va este “síndrome” para los no iniciados en Nueva Medicina. Antes que nada decir que, mientras en la medicina convencional u alopática hay multitud de síndromes pues se dedican a juntar diversos síntomas bajo una etiqueta (http://www.portalesmedicos.com/diccionario_medico/index.php/Sindrome) cuando pueden ser manifestaciones de distintos programas si lo miramos desde el prisma de la Nueva Medicina, para el Dr. Hamer sólo hay dos síndromes: el DHS (el impacto emocional en sí o el Síndrome de Dirk Hamer, en honor a su hijo muerto) y “el síndrome” que es el que nos ocupa en este artículo.

¿Qué es “el síndrome”? En NMG se habla de síndrome cuando se dan simultáneamente un conflicto de colectores de riñón (CCR) en fase activa y cualquier otro programa (o enfermedad) en fase de solución.

¿Y cuál es el conflicto de colectores de riñón? Se le llama también el conflicto del prófugo o del refugiado. Clínicamente se produce una fuerte contracción en los túbulos colectores del riñón para retener líquidos. ¿Cuál es el sentido biológico de este programa? Pues debido a que se produce cuando la persona se siente abandonada, excluida, aislada, como “pez fuera del agua”, es un conflicto existencial en el que nuestra biología retiene líquidos mediante este arcaico programa dirigido desde el tronco cerebral para ayudarnos a sobrevivir fuera de nuestro entorno. Como la persona está fuera de su medio, donde no hay agua ni alimentos, se retiene líquidos  para mantenerse y sentirse vivo y, paralelamente suben los niveles de creatinina y urea productoras de proteínas que servirán de alimento. El ejemplo más gráfico es cuando un pez queda fuera del agua e inmediatamente activa este programa para no deshidratarse y seguir nutriéndose a la espera de la siguiente ola que lo devuelva a su medio. Con las personas pasa lo mismo, cuando nos encontramos fuera de nuestro medio (ciudad, país, casa, territorio conocido…) y nos sentimos solos, aislados, incomprendidos, abandonados podemos activar este programa. No hay más que ver a aquellas señoras mayores con las llamadas “patas de elefante” para imaginar cuan fuertemente solas y abandonadas deben sentirse estas personas. De ahí que dejar la casa para ser hospitalizado, tener que dejar un país, una ciudad, un hogar o incluso un trabajo puede activar este conflicto. Los niños, adultos mayores o personas enfermas son muy vulnerables a sufrir el CCR por no sentirse bien cuidados.

En fase activa de este conflicto, al tratarse de un tejido endodérmico, se da un aumento de la función, lo que hace que se retenga mayor cantidad de líquidos. El agua retenida se acumula en todo el cuerpo. Generalmente la medicina alopática suele etiquetarlo como insuficiencia renal o bloqueo renal, ya que apenas se va al baño. Junto al agua se retiene creatinina y urea que servirán como alimento mientras esperamos “la siguiente ola” o el retorno a casa o ubicación conocida, es decir, la resolución del conflicto. Si éste fuera de gran intensidad y se prolongara en el tiempo puede dar lugar a un adenocarcinoma de los túbulos colectores que lo único que busca es una mayor eficacia en la retención de líquidos mientras la persona se encuentra en esa situación de abandono.

Una vez resuelto este abandono, durante la fase de solución, hay un gran aumento de la cantidad de líquido expulsado (se pueden filtrar hasta 8l/h) y las micobacterias, si los antibióticos no las han matado, cumplirán disciplinadas su trabajo descomponiendo el tumor que ya no es necesario. En este proceso se pueden desprender cálculos renales de otros programas anteriores de riñón. Y en el caso de que no haya micobacterias por el uso de antibióticos estos cálculos pueden obstruir la salida de la pelvis renal dando lugar a un riñón inactivo aunque el conflicto esté resuelto.

Para que se entienda bien la importancia de este conflicto y la enorme facilidad con que cualquiera de nosotros puede disparar este programa  me remitiré a uno de los cuatro criterios indispensables para que se dé un impacto emocional o DHS que inicie un programa biológico (o enfermedad). Ha de ser vivido en soledad. Entendiendo soledad en el sentido de que no transmites tus emociones o sentimientos al respecto o no te sientes comprendido y lo vives en aislamiento, sintiéndote solo (por muy rodeado de gente que estés). ¿Os suena? Este es exactamente el disparador de un conflicto de colectores. Es decir, cualquier impacto emocional, inicio de un programa biológico, puede acarrear de por sí un conflicto de abandono o CCR.

Llegados a este punto trataré de enfatizar la importancia que tiene un conflicto activo de este tipo (ya se ha visto lo fácil que es que podamos tenerlo) cuando lo sumamos a un conflicto en fase de curación (lo que comúnmente llamamos enfermedad por las sintomatologías que conlleva: infecciones, fiebres, cansancio, inflamaciones, etc…) y nos da como resultado “el síndrome”.

Una vez que tenemos un impacto emocional (o DHS), éste se da en tres niveles simultáneos: psíquico, cerebral y orgánico. A nivel cerebral en la primera parte de la fase de solución se da un edema en la parte del cerebro que controla el órgano correspondiente con el objeto de reparar el tejido de la zona previamente afectado por el impacto. Pues bien, si en estos momentos vivimos un conflicto emocional de abandono, aislamiento o crisis existencial la retención de líquidos que provocan los colectores de riñón no harán sino agrandar mucho más el edema cerebral empeorando la sintomatología e incluso provocando que los médicos diagnostiquen erróneamente ese gran foco edematoso como “tumor cerebral”. Si se soluciona el conflicto de retención de líquidos el “tumor” decrece muy rápidamente. A nivel del órgano ocurre lo mismo en cuanto al agrandamiento del edema y el empeoramiento de la sintomatología. El CCR es un importantísimo factor de cronificación de las enfermedades.

Hablando menos técnicamente, una persona que está pasando por una enfermedad si vive ese proceso con sensación de soledad, abandono, no sentirse bien cuidado o lo vive como una crisis existencial no hará sino empeorar mucho más su cuadro y además impedir que llegue a la curación total, prolongando y amplificando su situación de dolor, malestar y sufrimiento. En casos más graves puede acabar llevando a la persona a la muerte. Por eso es tan común el cuadro de “insuficiencia renal” en los hospitales. Tomemos conciencia de que las personas allí internadas pasan por todo esto, lo que en muchos casos contribuye a que no puedan salir del trance. Es vital que demos a nuestros familiares y seres queridos que estén en esa situación la sensación de que están bien cuidados, que se les escucha, se les quiere y se les comprende.

¿Y qué pasa con las famosas cuarentenas tan pregonadas por Enric Corbera? Pues lo primero es tener mucho cuidado a la hora de decirle a alguien que necesita una cuarentena, ya hemos visto los riesgos que puede acarrear a nivel físico. Esto es algo que intuitivamente uno ya sabía por eso nunca fui partidario de “recetar cuarentenas” a diestro y siniestro como hacen algunos seguidores de todo lo que diga este hombre. Honestamente hay que tener muy claro a qué persona le estamos recomendando esa cuarentena, en qué situación se encuentra, qué tipo de cuarentena va a hacer e incluso hacer un seguimiento para recomendar que la deje de inmediato si su cuadro clínico presenta “el síndrome”. Mucho cuidado, insisto. Si la persona va a vivir ese tiempo de retiro con una soledad “mal llevada” o como aislamiento, encima en un sitio que no reconoce como propio, que le resulta extraño, acabamos teniendo que “es peor el remedio que la enfermedad”, como se dice popularmente. A nivel personal viví una cuarentena de este tipo y, ciertamente, mi cuadro clínico empeoró y bastante. Obviamente, retirarse un tiempo de un entorno que nos es muy tóxico es algo liberador pero, a la luz de todo esto, hay que tener muy en cuenta cómo lo vamos a vivir. La persona debe sentirse acompañada y bien cuidada en su proceso, si no es así mejor la sacamos de esa situación.

Muy bien, ¿y de qué forma podemos hacer para no caer en “el síndrome”? Como he dicho antes es fundamental que la persona se sienta bien cuidada, acompañada, escuchada y demás. Unos buenos abrazos de cuando en cuando pueden ser una gran medicina también. Pero además contamos con otro gran aliado, disponible en enormes cantidades y gratuito: el agua de mar.

Sí, no es mi propósito entrar a explicar aquí las increíbles bondades de este maravilloso líquido que inunda nuestro planeta (¿planeta agua mejor que planeta tierra?). Para eso podéis dirigiros en Internet a la fundación Aqua Maris (http://www.aquamaris.org/), ver cualquier video de Mariano Arnal o de la propia doctora Mª Teresa Ilari. Enlazando con el objeto de este artículo es lógico pensar que ya que la vida en este planeta proviene del mar, que los seres vivos que lo habitamos provinimos en algún momento de ahí, el beber agua de mar, estar en contacto con ella, bañarnos en ella, etc… nos coloca de nuevo “en casa”, nuestra casa más primigenia. Sirva como ejemplo que en este pasado curso de NMG había un compañero con el que tuve ocasión de conversar en muchos momentos y me explicaba como él - con un solo riñón, un grave problema de “insuficiencia renal” y en diálisis - había pasado, en sólo un mes que llevaba bebiendo medio litro de agua de mar a diario, de expulsar un litro de orina cada día a expulsar tres y pico. Su médico no daba crédito a ese cambio y él se estaba planteando dejar la diálisis pues realmente decía encontrarse de maravilla. Por tanto, en este increíble líquido tenemos un grandísimo aliado para afrontar nuestras crisis existenciales y nuestras situaciones de enfermedad y cronicidad.

Y parece obvio también que una cuarentena se afrontará con mucha mayor posibilidad de éxito si la persona bebe de este líquido a diario o incluso lo más ideal sería que la pasara junto al mar y pudiera darse unos baños.

En resumen: más abrazos, más cuidados, más acompañamiento y si añadimos el agua de mar a nuestra dieta podremos más fácilmente hallar el camino de retorno a la salud y a casa.

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