¿EXISTE LA REALIDAD SI NO LA OBSERVAMOS? (PRIMERA PARTE)

 

PRIMERA PARTE

Voy a comenzar este artículo, el primero de cuatro en total, citando a Max Planck, considerado uno de los padres de la física cuántica, en el momento en que le entregaron el Premio Nobel en 1918:

“Como hombre que ha dedicado su vida entera a lo más claro y superior de la ciencia, al estudio de la materia, yo puedo decirles como resultado de mi investigación acerca del átomo, lo siguiente: No existe la materia como tal. Toda la materia se origina y existe sólo por la virtud de una fuerza la cual trae la partícula de un átomo a vibración y mantiene la más corta distancia del sistema solar del átomo junta. Debemos asumir que detrás de esta fuerza existe una mente consciente e inteligente. Esta mente es la matriz de toda la materia.”

 

La pregunta es clara: ¿Cómo es que, casi 100 años después, seguimos obviando lo obvio, y es que no hay nada obvio en realidad? Vivimos en un mundo donde reina la materia y donde se sigue pensando que es la creadora de la conciencia, pero resulta que grandes científicos como el que acabo de citar, que dedicaron sus vidas al estudio de la materia, han descubierto, no sin asombro, que dicha materia no existe. A lo largo de estos cuatro artículos iré desarrollando lo que acabo de exponer.

Personalmente, me sorprende (y voy a admitirlo, a veces me entristece) que personas jóvenes, inteligentes, estudiantes universitarios, compañeros míos que quieren marcar la diferencia, se incomodan tanto como los propios docentes cuando se mencionan las palabras “física o mecánica cuántica” que parece que se trata de todo –se piensa que es algo esotérico, incluso espiritual, que nada tiene que ver con la realidad– menos lo que realmente es: la parte de la física que estudia el comportamiento de las partículas subatómicas. Nada más, pero también nada menos, porque como veremos más adelante, esas partículas se comportan de forma bastante extraña. Lo que ocurre, es que los descubrimientos de cada vez más investigadores de todo el mundo (físicos, biólogos, etc.) hacen peligrar al sistema científico vigente. Parece ser que por eso, tan solo hablar sobre la física cuántica tiene como cierto poder para incomodar a personas que son deterministas, que aun creen que Newton tenía razón, a pesar de que incluso Einstein, uno de los científicos más revolucionarios del siglo pasado, demostró que la Física Newtoniana estaba equivocada, proponiendo su famosa Teoría de la Relatividad. Y para entender mejor lo que estoy diciendo, voy a resumiros de forma breve y (espero) clara los tres grandes enfoques con los que podemos entender la realidad. En el presente artículo desarrollaré los dos primeros.

 

Empezaremos por la Teoría Newtoniana, que formuló Isaac Newton en el siglo XVII. Este gran científico creó la física del mundo moderno, desarrollando teorías acerca de la gravedad, la luz, la inercia, la masa e incluso las matemáticas necesarias para comprender estos conceptos. La mecánica de Newton fue considerada como la descripción definitiva del universo. Es un modelo macroscópico del entorno físico. Resulta relativamente fácil de comprender y de representar de forma matemática, y es bastante válida para la gran mayoría de los casos prácticos con que nos encontramos habitualmente. Por poner algunos ejemplos, esta teoría describe con suficiente exactitud trayectorias de móviles en general, como trenes, moléculas orgánicas, cohetes, etc. Lo que ocurre es que esta teoría asume el tiempo es universal y que es compartido por todos los observadores. Además, afirma que las partículas siguen recorridos trazables delimitados. Es decir, el tiempo y el espacio poseen unos valores que son absolutos, y además existen aunque haya o no un Observador. Eso significa que vivimos en un mundo determinista, donde todo lo que nos ocurre no tiene nada que ver con nosotros y que es fruto del azar o la casualidad. Hablaremos más de esto en la última parte.

 

Más tarde, en el siglo XX, Einstein desarrolló la Teoría de la Relatividad, gracias a la cual cambió radicalmente los conceptos de tiempo y espacio. El problema aparece cuando tomamos en cuenta el hecho de que la velocidad no tiene un sentido absoluto, sino que es relativa, demostrando además de que el tiempo y el espacio tampoco son absolutos. En efecto, si nos encontramos a bordo de un tren que está en movimiento y caminamos hacia uno de sus extremos, ¿cuál es nuestra velocidad? A primera vista, esta pregunta carece de mucho sentido. Pero la verdad es que antes de poder responder necesitamos saber respecto a qué mediremos nuestra velocidad. Con respecto al tren, es muy diferente de la velocidad con respecto a las vías. También es diferente si la medimos con respecto a otro tren. Es decir, necesitamos definir un sistema de referencia respecto del cual medimos nuestra velocidad.

El siguiente ejemplo es de los más famosos experimentos imaginarios de Einstein, que ha sido usado y explicado en los libros de física y en las escuelas y universidades. Tenemos un tren y dos personas, una de ellas está montada en él y la otra la ve pasar a gran velocidad desde el borde de la vía. La velocidad del tren es de 200 km/h. Pero espera un segundo, ¿se mueve? ¿Estás seguro/a? Depende - sí y no al mismo tiempo. Para e sujeto que va sentado dentro el tren no se mueve, está quieto. Sólo se mueve para el sujeto que está al borde de la vía. Como vemos, es algo relativo. Einstein luego imaginó que alguien tira una pelota a 20 kilómetros por hora hacia delante dentro del tren. Para el sujeto que está dentro, la pelota se mueve a esa velocidad, pero para el individuo que está abajo, esa pelota se mueve a 220 (200+20) km/h.

Aquí es importante señalar que para Einstein, lo único que es constante es la velocidad de la luz, que es de casi 300.000.000 m/s. Puesto que la velocidad de la luz siempre es la misma, al volver al ejemplo del tren y la persona que está dentro, si en lugar de lanzar una pelota enciende una linterna proyectando un haz de luz hacia delante, la persona que está abajo no ve ese haz propagarse a la velocidad de la luz+200 km/h, la ve propagarse a la velocidad de la luz, independientemente de lo rápido o lo lento que vaya el tren porque, sencillamente, es una constante.

Es más, una década antes de desarrollar esta teoría, Einstein formuló la Teoría Especial de la Relatividad (por favor, mira el vídeo de este link: https://www.youtube.com/watch?v=QqY8QxLpHAE), que nos dice que el tiempo se ralentiza con la velocidad. Es decir, si nuestra velocidad se acercase a la velocidad de la luz, el tiempo se dilataría y pasaría de forma más lenta en relación a aquellos que se muevan a una velocidad inferior a la nuestra, aunque nuestra percepción del tiempo sea exactamente igual que la de aquellos (o sea, una hora la percibiríamos como una hora, independientemente de la velocidad a la que vayamos).

Voy a resumir lo más importante de la Teoría de Einstein, ya que lo que nos interesa es lo siguiente – éste demostró que el tiempo y el espacio no son valores absolutos, sino que dependen de la posición del Observador y de su velocidad, por lo tanto como vemos, aquí ya se empieza a nombrar al Observador y del papel que tiene en la percepción del tiempo y del espacio. Sin embargo, Einstein afirmó que la máxima velocidad que se puede alcanzar es la de la luz, y ahí es donde patinó, ya que él mismo descubrió lo que denominó el Efecto Fantasmagórico y se pasó más de 20 años intentando demostrar que ese efecto no podría existir en realidad.

Para comprenderlo, la Ley de la Localidad, según la cual dos objetos suficientemente alejados uno de otro no pueden interactuar, de modo que un objeto solo se ve influido por su entorno más inmediato. Por el contrario, la Ley de la No-Localidad afirma que las partículas subatómicas se hallan entrelazadas, y lo que le ocurre a una, le ocurre a la otra INSTANTÁNEAMENTE, independientemente de la distancia a la que se encuentren. Se han hecho multitud de experimentos en varias universidades del mundo y a diferentes distancias (algunas de metros, otras de cientos de kilómetros), y el resultado siempre es el mismo – cuando se le hace algo a una de las partículas, la otra que previamente ha estado en contacto con la primera, responde exactamente igual de forma inmediata, como si se lo estuvieran haciendo a ella en ese mismo momento. Einstein denominó a ese fenómeno el Efecto Fantasmagórico, ya que recordemos que para él, la velocidad máxima que se podía alcanzar era la de la luz y acabamos de ver que este efecto viola dicha postulación. Pues parece ser que hay algo que viaja a mucha mayor velocidad, y que ni siquiera se puede medir ya que es instantáneo. Esto perturbó enormemente a Einstein, exclamando que “Dios no juega a los dados”, ya que a pesar de haber demostrado que el tiempo y el espacio son conceptos relativos, él seguía creyendo que vivimos en un mundo ordenado y predecible.

Sin embargo, es la Mecánica Cuántica la que explica cómo se comportan en realidad las partículas subatómicas que forman el mundo macroscópico, llegando a demostrar que no existe ni el tiempo, ni el espacio.

 

(Si quieres saber más, continua leyendo en la SEGUNDA PARTE)

Comments

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  • Mayra Alejandra Espinosa | on 19/12/16 |

    Gracias!



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