¿EXISTE LA REALIDAD SI NO LA OBSERVAMOS? (SEGUNDA PARTE)

 

SEGUNDA PARTE

La Física Cuántica, como dijimos en el artículo anterior, se dedica a estudiar el comportamiento de las partículas pequeñas. Obviamente, lo hace mediante experimentos científicos, por lo que es una parte de la física tan válida como la que estudia las partículas macroscópicas. Lo que ocurre, es que la Física Clásica (determinista) es incapaz de responder a preguntas como: ¿Qué es la Realidad? ¿Existe la Realidad cuando no la observamos? ¿Podemos predecir el comportamiento de las partículas subatómicas? ¿Qué significa que una partícula puede estar en un lugar y en todos los lugares a la vez?; entre muchas otras. La Física Cuántica parece echar luz a estas cuestiones. A continuación, veremos algunos descubrimientos que se han realizado en este campo.

Niels Bohr, uno de los padres de la teoría, decía que “aquel que no se extrañe cuando le expliquen la mecánica cuántica, es que no ha comprendido nada”. Curiosamente, se ha visto que a los que más les cuesta entender la Física Cuántica es a los propios físicos, mientras que personas que no han estudiado la materia, parecen entenderla mejor. Una explicación podría ser que las personas que no son físicas, no han estudiado sus teorías y por lo tanto, los descubrimientos de la Física Cuántica no chocan con sus conocimientos previos, ya que sencillamente no los tienen. En cambio, los físicos han dedicado décadas estudiando, observando, intentando hacer predicciones, usando miles de fórmulas, etc., y cuando se juntan con otros físicos que estudian cómo se comporta la realidad a escalas pequeñísimas, se suele producir una gran oposición, puesto que como veremos ahora, resulta que nuestra realidad parece funcionar de forma muy diferente a nivel subatómico, que a como estamos acostumbrados a observarla y estudiarla a nivel macroscópico.

Gracias a los numerosos experimentos llevados a cabo por muchos científicos y que hoy en día se siguen realizando, la Física Cuántica nos demuestra una y otra vez que no vivimos en un mundo predecible, que está fuera de nosotros, que está determinado y que podemos medirlo con exactitud. Afirma, además, que no existe ni el tiempo ni el espacio, ya que éstos dependen íntegramente del Observador y de su percepción. Pues al adentrarnos en el mundo de las partículas pequeñas, vemos que éstas se comportan de forma, como poco, extraña. Por ejemplo, Heissenberg (físico alemán, Premio Nobel en 1932) descubrió que no podemos medir simultáneamente y de forma precisa la posición y el momento lineal de una partícula, llamando este fenómeno El Principio de Incertidumbre, que básicamente viene a decir que no podemos determinar cómo se va a comportar una partícula, dónde va a estar ni a qué velocidad se moverá, al mismo tiempo. Se ha demostrado que emitimos fotones (os recomiendo leer los descubrimientos de Fritz Albert Popp). El acto mismo de observar hace que estos fotones choquen con las partículas subatómicas que estamos observando, y hacen que se muevan y cambien continuamente de posición. Esto significa que el mundo subatómico es un mundo de probabilidad, no está determinado ni podemos hacer predicciones certeras. En el último artículo volveré sobre este tema y expondré varios experimentos muy interesantes sobre los fotones y su comportamiento y sensibilidad a nuestra coherencia o incoherencia interna.

 

Por otro lado, toda entidad física -las partículas, como los electrones, y también los fotones-  se caracteriza por tener una naturaleza dual, de tal forma que su comportamiento global presenta dos aspectos que se complementan: un aspecto ondulatorio y otro corpuscular. Desde la visión de la física clásica, existen diferencias entre onda y partícula. Una partícula ocupa un lugar en el espacio y tiene masa, mientras que una onda se expande en el espacio, se caracteriza por tener una velocidad definida y además, no tiene masa. Actualmente se considera que la dualidad onda - partícula es un “concepto de la mecánica cuántica según el cual no hay diferencias fundamentales entre partículas y ondas: las partículas pueden comportarse como ondas y viceversa” (Stephen Hawking, 2001), lo que contradice la postulación vigente hasta ahora de que la luz se comporta siempre como onda y los electrones, por ejemplo, siempre como partículas. (Os recomiendo que veáis el Dr. Quantum para comprender todo lo que acabo de exponer hasta ahora: https://www.youtube.com/watch?v=6grlGeADRxw)

 

A su vez, Alberto Peruzzo y sus colegas de la Universidad de Bristol, han hecho en su laboratorio un dispositivo que aprovecha el entrelazamiento cuántico de las partículas (recordemos la Ley de la No-Localidad en la Primera Parte). Gracias a este fenómeno, dos partículas de un mismo sistema (por ejemplo, dos electrones de un átomo) comparten información independientemente de a qué distancia estén separadas la una de la otra. Así, un cambio en una se manifiesta automáticamente en la otra por el efecto del entrelazamiento cuántico. Es como si dos fotones estuvieran unidos por un hilo y cuando tiras de uno se mueve el otro... pero sin hilo y sin límite de distancia, afirma el experto español en física Ignacio Cirac.

El experimento de Bristol se basa en un famoso experimento teórico propuesto en los años 80 por John Wheeler, que afirma que es el acto de observar un fotón lo que determina si se comportará como partícula o como onda. En su laboratorio, Peruzzo y sus colegas entrelazan dos fotones y van cambiando en uno de ellos el método de medida (como onda o como partícula) para explorar en el otro la continua mutación del primero entre su comportamiento dual. Su conclusión es que “el fotón se comporta simultáneamente como onda y como partícula, lo que refuta los modelos en que es una u otra cosa”, explica Peruzzo, tal y como pudisteis ver en el vídeo del Dr. Quantum.  

Pero esto no acaba aquí. Ya en 1993, un equipo de científicos calculó por primera vez que la teletransportación podría funcionar. Los físicos teóricos han demostrado que las conexiones fuertes generadas entre las partículas pueden ser la clave para el teletransporte de información. Este entrelazamiento implica que dos partículas cuánticas (dos electrones o dos protones, por ejemplo), están intrínsecamente unidas y mantienen una sincronización independientemente de si están juntas o se encuentran en lados opuestos de la galaxia. Por medio de esta conexión, bits cuánticos pueden ser enviados de un lugar a otro. En 2012, un equipo internacional de científicos logró teletransportar fotones a través de 143 kilómetros de distancia, rompiendo todos los registros que se habían hecho anteriormente. Asimismo, físicos israelíes han conseguido entrelazar dos fotones que nunca habían coincidido en el tiempo, lo que solo puede significar lo siguiente: que existieron en momentos diferentes.

 

Un momento.

¿Teletransportación? ¿Viajes en el tiempo? ¿Una partícula es onda y materia al mismo tiempo? ¿Y qué es una onda en realidad? Como vemos, el mundo subatómico no se comporta como el mundo macroscópico, al que estamos acostumbrados a percibir. Pero en realidad, estamos rodeados de cosas que funcionan gracias a los descubrimientos de la mecánica cuántica. Los ordenadores sólo fueron posibles porque los científicos dieron con las ecuaciones que gobiernan el comportamiento de los átomos. Sin la física cuántica tampoco tendríamos telecomunicaciones modernas ni radioterapia. Se puede decir que casi todos los procesos industriales, desde la producción de medicamentos a los aviones, utilizan luz láser, un fenómeno que se descubrió como solución matemática a ciertas ecuaciones de la mecánica cuántica. La bomba atómica es otra creación gracias a la física cuántica.

En fin, hay muchísimos experimentos y es imposible exponerlos todos aquí, aunque más adelante seguiré publicando otros artículos, profundizando en descubrimientos interesantes como los de Robert Lanza, David Bohm, etc., que creo que son de vital importancia para entender cómo funciona la realidad y cuál es nuestro papel en todo esto. 

Voy a acabar este artículo resumiendo brevemente lo que hemos visto en las dos primeras partes, para introducir la tercera. Vimos que hay tres formas de ver el mundo: la Teoría Newtoniana nos ofrece una visión determinista, el mundo es predecible y es externo a mí, siendo el espacio y el tiempo valores absolutos; desde la Teoría de la Relatividad, Einstein demostró que tanto el tiempo como el espacio son términos relativos, ya que dependen de la velocidad y de nuestra posición con respecto a lo que estamos midiendo, siendo la máxima velocidad posible la de la luz; y por último, desde la Mecánica Cuántica, hemos visto que no existe ni el tiempo ni el espacio, ya que todo es una posibilidad. Pero, ¿qué sentido tiene todo esto para mí? ¿De qué me sirve saberlo? ¿Cómo podría aplicarlo a mi vida?

 

(Si quieres conocer las respuestas a estas preguntas, lee la Tercera Parte.)

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