¿EXISTE LA REALIDAD SI NO LA OBSERVAMOS? (TERCERA PARTE)

TERCERA PARTE

Terminé el artículo anterior con varias preguntas: ¿qué sentido tiene que todo lo que hemos visto sea así? ¿Cómo podría aplicarlo a mi vida? Bien, vamos a recordar muy brevemente los tres grandes enfoques que desarrollamos a lo largo de las dos primeras partes, para tener un marco de referencia:

- Newton nos decía que el tiempo y el espacio tienen valores absolutos.

- Einstein postulaba que el tiempo y el espacio son relativos – dependen de la velocidad (recuerda el vídeo de los astronautas gemelos: el tiempo puede dilatarse y el espacio contraerse).

- La Mecánica Cuántica afirma que no existe ni el tiempo, ni el espacio – ambos existen como una posibilidad.

Antes de proseguir, os invito a ver este trocito de la película Lucy - https://www.youtube.com/watch?v=qCvVa150Eq4.

 

Como vemos, hemos creado un sistema de medida para poder entender el mundo, movernos en él y hacer predicciones. 

Y si reflexionamos, es el tiempo el que nos permite observar y esto es así ya que podemos ver cómo cambia lo que nos rodea. Sabemos cuándo es de día y cuándo de noche, sabemos que después de la primavera, viene el verano, sabemos que cuanta más edad tengamos, cada vez envejeceremos más. Recordemos la física Newtoniana. Ésta nos dice que el espacio= velocidad/tiempo. Pero si la velocidad tiende al infinito, el espacio y el tiempo serían cero, que es lo que acabamos de ver en el vídeo. En ese espacio congelado se encuentra toda la información (volveremos a esto más adelante), pero para que yo pueda conocer la información que hay ahí, necesito poner tiempo y espacio, y para poder percibirlos, necesito una velocidad lo suficientemente lenta que me permita hacerlo. Es decir, vivimos en un mundo enlentecido para que podamos verlo (una vez más, recordemos cómo vemos el coche desaparecer cuando alcanza una velocidad que tiende al infinito).

Es realmente asombroso, pero ahora viene otra reflexión interesante, ¿es el tiempo igual para todos? ¿Un minuto para ti es igual que un minuto para mí? Si mirásemos nuestros relojes, efectivamente ambos irían al unísono, pero la pregunta es más bien otra: ¿percibiríamos igual esos 60 segundos? ¿Quién no ha vivido una hora como si fueran dos minutos, y dos minutos que se le han hecho eternos, como si hubiera pasado una hora? Y si no, tan sólo te pido que recuerdes algún momento con tu ser amado, sobre todo al principio de la relación, donde el tiempo parecía tener más prisa de lo normal y te fastidiaba tener que separarte él/ella, dejándoos con ganas de volver a veros y rezando disponer de más tiempo. Ahora, recuerda alguna clase aburrida cuando ibas al colegio o a la universidad, esa clase que duraba aproximadamente una hora, pero por más que mirabas el reloj, era como si las agujas no querían moverse.

 

Esto me lleva a hacerme la siguiente reflexión – si el tiempo no transcurre igual para todos, por mucho que nuestros relojes marquen lo mismo, entonces, ¿existe realmente el tiempo? Es decir, estamos de acuerdo en que para que algo sea verdad, tiene que serlo para todos, ¿no? Pero, ¿qué es realmente la verdad? Este término proviene del latín verĭtas y está asociado con la conformidad de lo que se dice con lo que se piensa o siente. Asimismo, también es la conformidad de las cosas con el concepto que se tiene formado en la mente sobre ellas (ojo al dato, en la mente). Por su parte, la RAE la define como la “propiedad que tiene una cosa de mantenerse siempre la misma sin mutación alguna”. Además, utiliza el término “realidad” como sinónimo de “verdad”. Pero, ¿qué es la realidad? ¿Es algo externo, inmutable e igual para todos? ¿Todos vemos y vivimos la misma realidad? Si fuera así, ¿habría disputas? ¿Guerras? Aun habiendo vivido la misma situación, ¿recordamos exactamente lo mismo que las otras personas? Esto no es así, ¿verdad? Cada uno de nosotros percibe lo que llamamos la realidad de forma diferente. Como suelo decirles a mis clientes y en mis conferencias: todos vivimos en el mismo mundo, pero no vemos el mismo mundo. Y es que cada uno tiene diferentes tipos de filtros o lentes con los que se percibe a sí mismo y aquello que le rodea. Y eso depende de sus creencias. Ellas son las que nos liberan o condenan, las que nos hacen vivir con miedo o con confianza, las que nos hacen enfermar o sanarnos, etc. Todo está en nuestra mente y nunca vemos la realidad, sino la interpretación de ésta. De hecho, nunca estamos en contacto con la realidad “física”, tan solo recibimos información a través de los sensores de nuestros cinco sentidos (vista, olfato, tacto, gusto y oído). En 1928, Edgar Douglas Adrian, un neurocientífico inglés, demostró que esa información es convertida en impulsos eléctricos que viajan por nuestras células nerviosas. Es más, resulta que nuestro cerebro no puede distinguir si el impulso corresponde a sonido, luz, sabor, sensación física u olor, ya que éstos son exactamente iguales. La única forma de hacerlo es que cada impulso llega a una zona diferente del encéfalo (por ejemplo, un impulso que corresponde a sonido llega a nuestra área cerebral temporal, que es el área que controla la audición). A todo esto se le añade que ni siquiera procesamos toda la información que nos viene del exterior, desechamos muchísimos estímulos que nuestro cerebro cree innecesarios. Dicho de otra forma, solo vemos aquello que creemos que podemos ver, y no podemos ver aquello que no creemos que es posible ver.

 

Volvamos a los tres grandes enfoques y vamos a ver cómo se pueden aplicar a nuestras vidas cada uno de ellos. Si yo vivo en un mundo Newtoniano, entonces pensaré que estoy al margen de lo que estoy observando, es decir, yo como Observador no influyo para nada en lo observado. La persona que cree que la vida funciona de esta manera, no puede evitar sentirse víctima del mundo que le rodea, pues ella cree que no tiene ningún poder de influir en su realidad ya que todo está determinado. Es más, atribuye lo que le ocurre a la buena o a la mala suerte, depende de si aquello es de su agrado o no. Como veis, es una forma de ver y entender la vida limitada, donde uno no sabe que tiene el poder de cambiar lo que le rodea cambiando su percepción. Por otro lado, si vivo mi realidad desde el enfoque de la teoría de Einstein, sé que todo es relativo pero hay un límite, y es que no puedo sobrepasar la velocidad de la luz. Además, aunque la Teoría de la Relatividad hable de un observador, lo hace refiriéndose a alguien que observa una realidad externa que existe per se. Pero desde la Mecánica Cuántica, entiendo que lo que es común y está en todas partes se llama Consciencia, que está por doquier y lo impregna todo. En función de cómo utilizo mi mente, viviré mi vida de una de las tres formas. Si elijo esta última, no obstante, puedo dilatar el tiempo cuando lo desee, sin necesitad de viajar físicamente a ningún lado ni a ninguna velocidad en especial. Pues tal y como vimos, las partículas de las que estamos formados parecen estar entrelazadas de tal forma, que pueden intercambiar información entre ellas instantáneamente, sin importar a cuánta distancia se hallan las unas de las otras, además de que pueden estar en más de un sitio a la vez. Nuestros pensamientos son energía, por lo tanto también tienen esa propiedad. Son ellos los que crean nuestra realidad, siempre y cuando se añada un vehículo necesario – la emoción. Cuando a mis pensamientos les añado emociones (muchas de ellas están ocultas/son inconscientes), estoy creando un potencial futuro, pero hablaremos de esto en la última parte.

¿Queréis saber cómo dilatar el tiempo? Es muy sencillo – enfocaros en el aquí y en el ahora, en lo que estéis haciendo ahora mismo, y si no estáis haciendo nada, simplemente observad lo que os rodea, escuchad los sonidos, sentid vuestras sensaciones y vuestra respiración. Cuando vivimos en el Presente, que es el único momento en el que lo experimentamos todo, el tiempo parece ir más despacio. Y entonces, en una hora podemos hacer muchas más cosas que si estuviéramos estresados, pensando en mil cosas, proyectándonos en el futuro o recordando el pasado. Es más, nos daría tiempo de hacer todo lo que queramos sin cansarnos. Todo es cuestión de percepción. El Campo cuántico está ahí y su respuesta a nuestras preguntas, peticiones, deseos y necesidades siempre es un Sí.

Y tú, ¿qué es lo que estás pidiendo? ¿Cómo estás viviendo tu vida? ¿Cómo estás utilizando tu tiempo? Puedes reflexionar sobre esto.

 

(Si quieres saber más, puedes leer la Cuarta -y última- Parte)

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